sobre política, historia, cine, libros, deportes, música, proyectos..

 

De la política de ideas y no del arte encantatorio

Jorge Luis Sánchez Bracho

El sábado pasado ya habíamos ensayado cada uno nuestras reflexiones en relación a las elecciones del 26S. El Zulia había “sacado la cara” por el resto del país y los resultados generales, si bien no fueron los mejores, al menos dejaron una estela de esperanza en quienes no creemos en el proyecto Socialista del Siglo XXI.

Ese mismo día, cumplía año mi suegro. A la reunión llegamos los opinadores de oficio, los de siempre. En Venezuela, opinar de política es aún más natural que opinar de béisbol que es el deporte nacional. El tema es que opinar sobre algo no es similar a saber de algo. Eso parece fácil de entender cuando se dice, pero cuando uno está en una reunión y comienzan a hablar de política, “o corres o te encaramas”. Tendrás que opinar y asumir alguna postura, así que lo mejor es estar preparado.

En medio de la conversación, la cual se desarrolló fácil, pues todos estuvimos más o menos de acuerdo en todo, valga decirlo porque en el Zulia  parece que más del 80% está de acuerdo en el tema político, surgieron también algunos temas conexos que, por la naturaleza del mismo y la necesidad de profundización para su abordamiento, debieron ser pospuestos y aún más, olvidados.

Ese tema surgió de una pregunta que, uno de nuestros amigos, le soltó de golpe a mi papá: ¿por qué usted no fue candidato, si usted es el padre de la descentralización en el Zulia?. Mi papá ensayó su mejor cara de desconcierto pues él mismo no sabía la respuesta, o a lo mejor sí la sabía, pero era como muy larga de explicar, por lo cual se limitó a responder que, no era candidato porque “no hacía vida en el partido y estaba dedicado a otras labores”. Inmediatamente añadí, un poco a manera de sana burla, que mi papá no podía ser candidato “porque ya no estaba para besar viejas, cargar muchachos y tomar sancochos fríos”. Él remató diciendo que además “ahora lo que necesitamos es ganar, recuperar los espacios y para eso, los candidatos de la oposición fueron los mejores”.

Todos estuvimos de acuerdo y pasamos al siguiente punto de discusión. Sin embargo quedó allí un tema que posteriormente volvería a surgir: ¿Por qué no están los mejores candidatos posibles defendiendo nuestros derechos?, ¿Por qué es imprescindible que los candidatos sean “políticos de oficio” para conquistar el voto?. Esa noche no dio respuestas a esas preguntas y tampoco nos empeñamos en buscarlas.

A la mañana siguiente, como de costumbre, busqué entre otros, el artículo de nuestra muy respetada y admirada Milagros Socorro en El Nacional. Fue una sorpresa descubrir que el tema que trató en su artículo era similar al que habíamos discutido la noche anterior. Con la natural avidez que me despiertan sus opiniones, fui leyendo el trabajo hasta llegar a la idea final con la que, por primera vez en muchos años, no estoy de acuerdo.

Socorro plantea que Chávez tenía una “red de bacalaos en cuyos ojos vidriosos escasea la vocación política. No son sino incondicionales premiados con un escaño, de quienes cabe esperar ese aplauso adiestrado por el que la actual Asamblea es conocida como “las focas”. Después dice que Chávez “está peor que sólo. Está mal acompañado”. Con todo eso, estamos de acuerdo. Luego explicó que del lado de la Unidad, había candidatos que de entrada fueron calificados de poco idóneos, “de carecer de fuste intelectual”. Sin embargo, resultaron ser “políticos profesionales”. Luego siguió explicando que “los intelectuales públicos, catedráticos y eximios miembros de las academias son políticos ocasionales. Como lo es todo el que vota, opina o acude a manifestaciones. Pero el trabajo de parlamentario, así como la procura de votos, exige una dedicación exclusiva. Y una vocación especial. No se puede ser escritor por las mañanas y candidato a la Asamblea por las tardes” y más adelante “el dirigente que está en contacto con las comunidades que los llevan a los cargos  de elección popular, tiene que hacer lo que se llama un “trabajo político” y termina, “la experiencia venezolana ha demostrado que esa faena tiene su escenario en la calle, no empollerado en un portaviones ni en los sets de televisión…esa ruta al poder demanda una energía, unas habilidades y una disposición que no  todo el mundo tiene. Más aún los temperamentos dados al estudio y la contemplación suelen carecer de tales inclinaciones”.

Allí comencé a desconfiar del artículo de Socorro y plantearme algunas interrogantes para la reflexión general. ¿No se puede ser escritor y candidato?, ¿para ser político se requiere dedicación exclusiva?, ¿si  alguien tiene “temperamento dado al estudio” lo mejor será no dedicarse a ser político?, o sea, para acceder al poder o intentar hacerlo, ¿no es necesario estudiar mucho?, ¿no deberíamos los ciudadanos exigirle amplia formación académica a quienes nos representen en un foro como la Asamblea Nacional?, más aún, ¿No debieran ser precisamente nuestros mejores periodistas quienes propongan estas ideas?, ¿Eso del “trabajo político” está reñido con las academias y con la intelectualidad?

Si las respuestas a esas preguntas son afirmativas entonces yo no me quiero parecer a mi país. Lo que es peor: si esas son realidades que personas como Milagros Socorro, no quieren cambiar, entonces yo no me reconozco nacional de este país.

¿Es que acaso este no es el país de  Rómulo Gallegos, escritor y presidente?, ¿ Este no es el país de Rafael Caldera, catedrático y presidente?, ¿Este no es el país de Rómulo Betancourt quien fue un político en la mejor acepción de la palabra y además uno de los mejores escritores sobre el tema petrolero, por citar sólo uno?, ¿ Este no es el país de Andrés Eloy Blanco, poeta y político?, ¿Este no es el país de Uslar Pietri, gran escritor, profesor, hombre de medios y político? , ¿De Villalba, de Prieto Figueroa, de Pérez Alfonso, de Adriani, de Otero Silva, de Picón Salas, de Briceño Irragorri, de Alí Primera, todos ellos políticos pero además escritores, artistas o científicos? Y claro, me podrán responder que también es el país de corruptos, de barraganas, de dictadores militares,  de militares que creen que son los llamados a gobernar desde el siglo XIX por encima de la sociedad civil; pero cada quien pone los ejemplos que quiera poner y mira el país que quiere mirar. En lo personal, prefiero mirar al de los primeros que al de los segundos.

El tema de fondo es creer que el “vínculo” con la gente lo crea, principalmente, como lo plantea Milagros: “tener estómago para tomarse cien tazas de café (no siempre en pocillos pulcros), caminar por calles a veces empantanadas, entrar en casas donde no se es bienvenido, viajar por carreteras calamitosas, en carros con amortiguadores vencidos, comer cuando se pueda, usar baños cochambrosos” . Eso es duro y es necesario, pero no es suficiente. No es eso lo que crea el vínculo con la gente. Privilegiar esas capacidades por encima de la formación, de la capacidad para la reflexión, de la importancia que tiene el estudio científico para resolver los problemas que nos aquejan, es un riesgo que reduce la política a oficio de vivos, a magos de la palabra, a hombres con estómago y piernas de hierro pero con cerebros de cartón; desprovistos de soluciones reales, de reflexiones acertadas, de soluciones nuevas para nuestros viejos problemas y peor aún, de dudosa moralidad para vivir de la política y no para la política.

El vínculo con la gente que yo aspiro para el país, está en la capacidad que tengan los políticos para proponer soluciones, para reencontrar al país, para resolver la tremenda fractura que tiene una sociedad que no asume responsabilidades frente a los hechos y se comporta como un simple ponedor de candidatos al que si no le resuelven su problema castiga sin mayores exigencias que las de la palabra fácil, el discurso y la actuación aprendida y heredada de esta y de la pasada república. Lamentablemente, me cuesta mucho encontrar en la sociedad política actual los herederos intelectuales de la generación que nos precedió y modeló el sistema democrático que corremos el riesgo de perder.

Recordé la novela de Mario Vargas Llosa en la que intenta explicar cómo es la técnica política latinoamericana para dirigirse a las comunidades, y allí estaban subrayadas las líneas que caracterizaban la sociedad peruana a la que le tocó enfrentarse en la campaña y que tanto se parece a la de todos nuestros países:

“Me sorprendió descubrir lo frágil que es la atención de una multitud y su psicología elemental, la facilidad con que puede pasar de la risa a la cólera, conmoverse, enardecerse, lagrimear, al unísono con el orador. Y lo difícil que es llegar a la razón de quienes asisten a un mitin antes que a sus pasiones. Si el lenguaje político consta en todas partes de lugares comunes, mucho más donde una costumbre secular lo mudó en arte encantatorio.”

“El político sube al estrado a seducir, adormecer, arrullar. Su música importa más que sus ideas, sus gestos más que los conceptos. La forma hace y deshace el contenido de sus palabras. El buen orador puede no decir absolutamente nada, pero debe decirlo bien….la lógica, el orden racional, la coherencia, la conciencia crítica de lo que está diciendo son un estorbo para lograr aquel efecto, que se consigue sobre todo con imágenes y metáforas impresionistas, latiguillos, figuras y desplantes”.

Ese no es el político que yo quiero para Venezuela y me preocupa que en ambas lados de la propuesta política actual se crea que, en la profundización de esas ideas, estará la salida para nuestra crisis de gobernabilidad.

Añoro una sociedad en la que sus ciudadanos exijan de sus dirigentes más que la promesa oportuna, el discurso rimbombante, la provocación del aplauso, la animada conversación, el chiste, el lugarcomún, la cita destemplada, la frase aprendida, la fortaleza de las piernas y la anécdota inútil,  para pasar a la oferta realizable con el propio concurso del ciudadano, a la demostración eficiente de las ideas, a la explicación del problema y de sus salidas y a las soluciones.

Comerciales del Documental realizado para el 40 aniversario del equipo Águilas del Zulia, producido por Montesacro Films.

Played 0 times

Lluvia, una de mis canciones favoritas, compuesta por mi abuelo Luis Guillermo

Son 3 palabras

La pareja en la cama, después de hacer el amor:

Él:- ¿volverá a repetirse?

Ella: -Mañana te llamo

Él :- No me creerán

Ella :- ¿tienes un cigarrillo?

Él: - Sí, aquí está

Ella:- ¿Por qué no?

Él:- ¿qué no qué?

Ella:- ¿no creerán qué?

Él:- Tirando eres increíble

Ella: - Otra vez eso…

Él:- Eres inversamente proporcional

Ella:- ¿inversamente proporcional cómo?

Él: - A tu ego

Ella:- ¿cómo es eso?

Él:- Por razones diversas

Ella:- Explícame por favor

Él: Encamada eres generosa

Ella:- ¿y afuera no?

Él:- Claro que no

Ella:- ¿cómo soy entonces?

Él:- Una esquizofrénica insoportable

Ella:- ¡Agarra tus cosas!

ÉL:- ¿te das cuenta?

Ella:- No te aguanto.

ÉL:- No quieres cambiar…

Ella:- ¿coño, qué quieres?

ÉL:- Que lo aceptes

Ella:- ¿aceptar para qué?

Él:- Cambiar un poco

Ella:- Así estoy bien

Él:- Sí, cómo no

Ella:-¿vas a empezar?

ÉL:- No he terminado…

Ella:-Ahora sí agarra (él la interrumpe)

Él:- apenas estoy calentando (ella lo interrumpe, gritando)

Ella:- AGARRA TUS COSAS (él la interrumpe)

ÉL:  No te gusta…  (ella lo interrumpe)

Ella: ¡te vas ya! (él termina la frase, levantando la voz)

Él: …escuchar la verdad

Ella:- bueno te vas

Él: ok, me voy

Ella:- ¿volverás a buscarme?

Él:- No lo se

Ella:- Entonces vete ya

Él:- Hasta luego amor…

Ella: -Chao pues idiota.

¿Quién creen que es el papá de este niñito? Casualmente, también se llama Jorge.

¿Quién creen que es el papá de este niñito? Casualmente, también se llama Jorge.

Para ganar el 26S

Después de revisar una y otra vez los sucesos y de seguir la campaña electoral del próximo 26 de febrero nos planteamos una serie de observaciones que, a falta de mejores interlocutores en el terreno político, me dispongo a poner por escrito, para ver si por alguna casualidad de las posibilidades tecnológicas o del más puro azar, llegan a los ojos y los oídos de los que sí pueden discutir en la mesa de la unidad.

1.- La campaña de la oposición puede ser más inclusiva.

En líneas generales las campañas electorales suelen plantearse de dos formas muy concretas. De una forma, si antes de las elecciones tienes la mayoría del electorado de tu parte y de otra forma si tienes que aumentar tu apoyo político sumando nuevos votantes para obtener la mayoría. Se sobreentiende que antes de la elección, se encuentran indecisos o directamente en alguno de los bandos contrarios, por lo cual se necesita que estos CAMBIEN de opinión o TOMEN una decisión. En algunos casos, como el nuestro, ambas inclusive.

Para el primero de los casos, la cosa es más sencilla. Basta con cuidar la mayoría que ya  se tiene y hacer una campaña dirigida a distanciarte de los otros grupos y reforzar las ideas por las cuales se obtuvo el apoyo que, repito, YA se tiene. Sólo se debe mantenerlo y se volverá a ganar.

En el segundo caso, la cosa es un poco más complicada pues toca diseñar una estrategia que, por un lado haga conservar el capital político con el que ya se cuenta pero al mismo tiempo, sirva para “pescar” en el sector  contrario y/o en los indecisos.

En el caso que nos interesa está claro que la oposición venezolana está en el segundo caso pero por alguna razón que requiere otro análisis, no se admite y peor aún, no se diseña la campaña bajo ese supuesto básico. Es decir, pareciera que la campaña de la oposición parte de la base de que se está ganando cuando no es así y los resultados electorales de los últimos 10 años lo corroboran.

Está claro que el apoyo al Presidente y a todo lo que este representa está perdiendo afectos cada día que pasa, pero sigue siendo muy alto, tengámoslo claro; el más alto, aunque no por mucho, de los tres sectores en los que pudiera dividirse el electorado venezolano: oficialismo, NI NI y oposición.

Está claro que la oposición NECESITA una campaña a través de la cual pueda captar votos de los Ni Ni  y de los Chavistas. Esa campaña tendría que ser un llamado a la unión, un planteamiento de país nacional, sin exclusiones; resaltando los aspectos en los que todos estamos de acuerdo que hay que solucionar como la inseguridad y el desempleo y posponiendo los temas que afectan a algunos en particular como la permanencia de Chávez en el poder o incluso la discusión ideológica. Es importante dejar esto último muy claro para que el protagonismo de Chávez en la contienda tienda a ser el menor posible.

En ese último sentido hay que reconocer que se ha trabajado pero no en la oferta inclusiva, que convoque al sector que no se ha decidido o que haga cambiar de opinión al chavista. Los enfoques no han sido los correctos. Se sigue percibiendo el revanchismo, el señalamiento y la venganza y eso lo único que hace es radicalizar la elección.

Allí hay que trabajar más, hay tiempo todavía.

2.- La campaña de la oposición puede ser verdaderamente unitaria.

Este es un tema muy delicado porque es lógico que cada partido político use las elecciones para aumentar su caudal político, su capital, sus acciones para el futuro. Eso está claro, es útil, pero la situación actual es de supervivencia política más que de acumulación. Resulta un desperdicio electoral ver una serie de propagandas de los partidos llamando a votar cada uno por el suyo, de manera que el elector no tiene claro por quién tiene que votar o no sabe si, votando por el partido X también apoya al candidato del partido Z. Si se hubiera diseñado una tarjeta unitaria habría menos posibilidades de equivocación y menos competencia entre partidos de oposición, que desvían la atención de lo verdaderamente importante que es la discusión de una agenda legislativa en torno a temas concretos.

¿Qué importancia tiene votar por UNT o por Primero Justicia o por AD o COPEI si los candidatos son los mismos? Lamentablemente ya están los representantes de cada uno de esos partidos relamiéndose las manos para ver cuál obtiene más votos para reclamar luego mayores prebendas en la Asamblea.

Una muestra de que no se está viendo la importancia que puede tener esta elección de cara al futuro. Algunos candidatos parecen más unos señores buscando trabajo para los próximos años que unos líderes políticos tratando de retomar el rumbo de una democracia desgastada y deslegitimada como es la nuestra en este momento.

En este sentido es poco lo que se puede hacer porque ya los tarjetones están listos, pero todavía se pueden corregir errores en el mensaje de unidad y dejar claro que son los mismos candidatos los de todos los partidos y que por cualquiera se puede votar con los mismos resultados.

3.- La campaña  de la oposición necesita claridad.

Hoy mismo conversaba con una pareja de amigos que viven en Maracaibo, son profesionales, tienen acceso a todos los medios de difusión masiva y no saben quiénes son los candidatos de su circuito y cuántos votos tienen que depositar. Saben cuál es su opción, pero no conocen su candidato uninominal ni quiénes integran la lista. Lo mismo ocurre con la señora que trabaja en mi apartamento y con mis compañeros de oficina. Es decir, a pesar de las ingentes cantidades de dinero que se están utilizando en la campaña, no le queda claro al elector ninguna de las informaciones anteriores.No se ha podido focalizar la información por circunscripciones electorales porque el trabajo es descoordinado y cada partido hace lo que puede y lo que quiere sin atender a una planificación unitaria o, si lo hacen, no ha tenido resultados, lo cual es peor.

También hay tiempo para diseñar campañas focalizadas en parroquias o circuitos electorales para ayudar al elector a votar más rápido y mejor. Esto será clave en algunos sitios con alta población electoral. Es importante recordar que para algunos, votar significa un sacrificio y una perdida de tiempo, por lo cual es importante otorgarle todas las facilidades al elector.

4.- En la campaña de la oposición hace falta una oferta contundente.

Sabe usted exactamente cuál es la agenda legislativa que llevará la oposición  a la Asamblea Nacional en el caso de que resulte electa o si es mayoría. ¿ No? Pues yo tampoco la tengo clara, porque parece que cada estado y cada partido, tiene una en particular con especial acento en el tema de la inseguridad claro está y el desarme también, pero no tengo claro exactamente qué plantea el proyecto, si es que lo hay.

No faltará quién pregunte: ¿ y del otro lado, cuáles son las ofertas? Y la respuesta es que de ese lado no importa; de ese lado se reciben órdenes en Aló Presidente los domingos y sus electores lo saben. La agenda la dicta Chávez y la gente del PSUV no tiene problemas con eso. Una sola persona decide y listo.

Por eso, del lado de la oposición se requiere un esfuerzo mucho mayor en ese sentido. Requiere mucha más organización poner de acuerdo a una serie de partidos y de liderazgos que recibir órdenes y callar; pero nadie nos prometió un jardín de rosas. La política real consiste en hacer posible que distintas visiones converjan cuando el objetivo mayor no tiene discusión alguna: ganar la mayoría en Asamblea Nacional.

5.- A pesar de todo estos problemas: Esta elección es determinante para la democracia venezolana y por eso hay que ir a votar.

En esta elección no sólo se está decidiendo quiénes integrarán la Asamblea Nacional a partir del 2011; se está volviendo a equilibrar el poder legislativo en un país en el que los últimos años no había ninguna representación de la oposición en el órgano encargado de dictar las leyes de la República y que el Ejecutivo secuestró para legislar por decreto y en cadena nacional.

En un país donde está secuestrado el Estado de Derecho, donde los Derechos Humanos están en entredicho, donde los derechos para el desarrollo de la libre empresa están conculcados por el Estado y donde se vive a merced del hampa, es urgente repoblar la Asamblea con voces que no estén al servicio del proyecto perpetuo y personalista.

Es necesario dar el debate ideológico pero una vez que se instalen los nuevos diputados; es necesario discutir el carácter democrático del país, es necesario y urgente discutir el planteamiento económico de nuestro país y compararlo con el concierto internacional y eso sólo será posible con una Asamblea plural en la que estén representados todos los sectores del país, y que además estén representados en la proporción que tienen en la escala nacional para que las decisiones que de allí emanen estén en sintonía con todos los sectores. Pero para que todo eso se pueda dar, lo determinante es ganar, y para ganar hay que salir a votar.

Ahora bien, está claro que hay que salir a votar porque es un derecho, porque no quieres que otros decidan por ti, porque tenemos que recuperar los derechos perdidos y todo eso, pero la razón principal por la que debemos salir a votar es porque la elección está muy reñida y tenemos la posibilidad de ganar . Por eso cada voto tiene una especial significación en este momento y lo hace diferente al resto de las elecciones.

En la elección del 26 de septiembre nos estamos jugando la (última?) posibilidad de discutir en igualdad de condiciones frente al todopoderoso ejecutivo nacional. Es una oportunidad que no se puede desaprovechar sobretodo por lo coyuntura política. El Gobierno se ha equivocado gravemente muy seguido en los últimos seis meses, sus candidatos no gozan del apoyo popular por lo cual tienen que recurrir al Presidente como gran elector, quien viene disminuyendo su ascendencia en el electorado,  por lo cual no se puede desperdiciar esta oportunidad.

Es ahora o nunca.